Nuestra Historia

De Geovany para Shadani

Yo sé que no existe un mundo de magos ni de hechicería, ni un lugar donde crear cosas de la nada. Quizá sólo rigen las viejas leyes de la alquimia: un intercambio equivalente. Pero este amor —ay, este amor— es mágico. Parece haber nacido del vacío, como si brotara de una ausencia y crease presencia. En realidad, creció en gestos mínimos, en cambios tan pequeños que pasan desapercibidos pero sostienen todo: no irnos enfadados a dormir, un “¿cómo amaneciste?” al despertar, preparar el desayuno y ofrecer de mi plato, preguntar con ternura “¿ya comiste?”. Es la paciencia frente a las dificultades, la organización que nos pone en orden, el “tenemos que hablar” en momentos incómodos, el “dame espacio” cuando necesito ordenar mis pensamientos.

Es el “veremos cómo lo resolvemos” en voz compartida, el humilde “¿estoy equivocado?” y el sincero “¿cómo lo hago mejor?”. Es celebrar meses y años, alegrarnos por cada meta alcanzada, molestarnos cuando algo duele y recomponernos con un abrazo. Es sentir tu emoción como si fuera mía, es un “te amo” dicho sin prisa, con raíces. Fue poner el alma en la mano y pedirte que seas mi esposa. Fue escuchar tu sí. Para mí, el único intercambio verdaderamente equivalente es nuestro amor.

De Shadani para Geovany

Yo recuerdo que hace más de diez años nos conocimos, y aunque nuestros caminos se juntaron y separaron, el destino nos volvió a cruzar. Nuestra historia quizá no sea de magia, pero sí fue mágico reencontrarte en el momento indicado. Tu ternura bastó para transformar todo: te llevaste mis miedos, mi oscuridad, y te convertiste en el lucero que iluminó mi camino cuando más lo necesitaba.

Con el tiempo, dentro de mí empezó a crecer algo profundo: ya no bastaba con ser tu amiga, quería compartir mi vida contigo. Encontré en ti a un hombre que escucha, que sabe pedir perdón, que procura mi bienestar, un compañero con quien puedo ser yo misma, amigo y cómplice. Me sentí bendecida. Contigo construí un amor sincero, maduro y genuino, no perfecto, pero real. Juntos hemos recorrido mucho, hemos caído, nos hemos levantado, y siempre hemos decidido elegirnos de nuevo.

Yo sé, y tú también lo sabes: lo nuestro no nació de la nada, sino de la suma de instantes pequeños que, unidos, se hicieron eternos.